viernes, 3 de mayo de 2013

un miércoles negro en mi vida familiar


Un miércoles negro, 19 de Agosto 2009.

Después de hacer mi devoción personal inicié mis actividades del día, ese día Keren se levanto más temprano de lo acostumbrado corrió donde yo estaba, entonces le dije que fuera con la chica que lo cuidaba, “ahora estoy muy ocupado y no voy a poder estar con Kerencita, atiéndelo por favor” le dije a la joven que nos ayudaba. Estaba concentrado en el informe de auditoría que ese día tendría que presentar, eran las 8 de la mañana cuando David me llamó para tomar desayuno, le dije que ellos fueran avanzando mientras yo terminaba. De pronto escuche un ruido y a David que decía “ya ves Keren” los gritos de Kerencita me hicieron correr a donde ella estaba, era lo que menos esperaba Keren estaba llorando y la taza de Quaker en el piso, cargue a Keren y le saque su pantaloncito, le puse agua para que lo refrescara su pie. Los tesoreros estaban llegando y tenía que atenderlos a si que trate de atenderlos lo más rápido posible y correr al Hospital, es una emergencia pero tenía que hacer hasta tres colas; una para arreglar mi acreditación (por que alguien no informó bien en la empresa donde trabajo y tengo dificultades con el seguro), la otra cola para la cita de emergencia y una tercera para la propia atención. Después de una media hora que llegó mi turno me informaron que no había pediatra y que no me podían atender. Que terrible es el sistema de ESSALUD en nuestro País, son las 10 am. Es una emergencia y no hay quien atienda, salí con dirección a una clínica cercana y allí por fin pueden atenderme.

Keren no quiere que ningún extraño lo toque, pero la Pediatra a ordenado que le hagan un corte en la llaga que se ha hecho, me dolía el corazón al escuchar la orden de la doctora y no sabía que hacer, llamé a mi esposa para que viniera y fui con Keren a la sala de emergencia, allí estaba el Doctor y las enfermeras con sus navajas listas, estaba orando en mi corazón y le pregunté al doctor si habría otra opción a parte de cortarlo, “no quiero que quede marca le repliqué” me miró y con mucha compasión me preguntó si tenía mas hijos “es la única, pero que vale por diez” le contesté. Esta bien, no lo vamos a cortar, después de curarlo con mucho cuidado me despidió.

Lo abracé bien fuerte a Kerencita y le pedí a Dios que lo sanara pronto, regrese a casa muy dolido por todo lo que había pasado. A unas cuadras de la casa nos encontramos con mi esposa, cargó a Keren y fuimos a casa, allí lloramos uno por cada lado por lo que ha pasado y suplicamos a Dios para que hiciera su parte en la recuperación de Kerencita. Yo tenía que seguir con mi trabajo de visitar las Iglesias a las dos de la tarde tenía que salir de casa y antes de hacerlo al despedirme de Kerencita le dije vamos a orar, hijita “con su pie vendado y adolorido se arrodilló en la puerta y junto sus manitas. Esa escena me impresionó tanto que no pude contener mi llanto y mientras caminaba con lágrimas en los ojos clame a Dios para que me ayudara a ser como esta niña que sin importar el dolor se arrodilla y se dirige a su Dios, clamé para que se sanara pronto y que no quedara marca en su pié. Ha pasado 4 años y la herida ha sanado y casi no se nota donde fue la herida, ahora doy muchas gracias a Dios por su gran amor y bondad para con migo y sigo pidiendo para que no quede marca de la herida, creo que eso no me perdonaría mi hija al ver esas marcas que haya preferido el trabajo antes que a ella.

Ahora pido a Dios que borre la marca del pié de mi hija, aunque la marca permanezca en mi corazón y el recuerdo de un día amargo. Sabiduría para cuidar de los hijos que Dios me dio, y poder atender el trabajo y la misión que Cristo me encargó.

 

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